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“The Purple Rose of Cairo”: El poder catártico del cine

Allen realizó una historia que describe a la perfección el poder liberador que ofrecen las pantallas de cine

Por: Ramon Flores

La cinta representa uno de los más grandes logros de Woody Allen. Foto: Orion Pictures(Orion Pictures)

La cinta representa uno de los más grandes logros de Woody Allen. Foto: Orion Pictures | Orion Pictures

Es un hecho que Woody Allen es un cineasta que, desde años recientes, se mantiene bajo el escrutinio público y no es del todo bien recibido entre los círculos de grandes realizadores de cine, ya sea comerciales o independientes. Tampoco se puede negar que, con controversia o no, Allen es un sujeto que sabe escribir, y cada una de sus cintas, por sencilla que fuere, es muestra de ello.

Y, siendo honestos: ¿Qué cinéfilo que se precie de serlo no ha caído bajo los encantos del neurótico numero uno de Nueva York? Quizás muchos de nosotros lo hayamos hecho con la misma fascinación y enajenación presentada por la protagonista de “The Purple Rose of Cairo”. 

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Estrenada en 1985, resultaría ganadora del BAFTA y el César de la Academia Francesa de Cine, contando con Mia Farrow (entonces esposa del cineasta) protagonizando al lado de Jeff Daniels. La cinta toma el sombrío escenario de la Gran Depresión Estadounidense, en el que Cecilia, una camarera que afronta la sobre explotación laboral junto a un marido exigente, desobligado y violento, contando con un pequeño santuario de paz emocional al acudir regularmente a una vieja sala de cine.

The Purple Rose of Cairo” es el nombre de la cinta en proyección y de la cual nuestra protagonista sufre un inocente enamoramiento con una de sus estrellas, Tom Baxter (Daniels). Cecilia ha acudido casi todos los días sin falta a su proyección, lo que hace que, de manera inesperada, el Tom de la pantalla tome conciencia de ello, animándose ante el asombro de los asistentes y compañeros de escena a salir de la pantalla, ansioso de compartir una vida real con la mujer que lo ama con profundidad y cansado de interpretar siempre el mismo papel. 

Mientras Cecilia ansía gozar de un romance como el de las películas, Tom desea vivir el mundo real con toda la gama de emociones que este implica. Ambos se enamorarían, lo cual no es visto con buenos ojos por el Tom Baxter del mundo real, y buscaría la forma de que Cecilia convenza a su doble de ficción a regresar a la cinta donde pertenece, creándose un triangulo amoriso digno de la era dorada del cine.

Allen, quien es también guionista de la producción, no solo buscaría realizar un homenaje a los romances de los años 40’s. También realizaría, a tono de humor, un testamento sobre la existencia del ser humano y sus cuestionamientos existenciales, tomando la audacia, en una de sus secuencias, de comparar la figura de dios con la de los guionistas de cine. 

La relación entre Cecilia y Tom (el de la película) es constante mente puesta en duda ante lo absurdo de la situación. Ella insiste que su relación pudiera no funcionar, pues el no es real, y el asegura que pudiera aprender a serlo. Su desconocimiento del dinero, optimismo desmesurado y el hecho de que las penurias y peligros de la realidad parecen no tener efecto en él, demostrarían que, de permanecer fuera de la película, solo podría “aspirar a ser humano”.

Cecilia, pese a pertenecer a la realidad, puede considerarse un autómata de la misma manera en que Tom lo era en su película. Hasta el momento de conocerle, no conocía otro modo de vida alejado de su duro entorno y sus profundos anhelos proyectados en la pantalla de cine. Hay un momento en que logra entrar con Tom al glamuroso mundo detrás de la pantalla, lo cual, aunque resulte agradable, tarde o temprano es reclamado por la realidad. 

Tom Baxter es una proyección de los sueños y anhelos de Cecilia del mismo modo que Dulcinea del Toboso, la amada inexistente a la que Don Quijote de la Mancha buscaría dedicar sus victorias y acudir en su apoyo durante sus momentos de necesidad. 

Mientras que la mencionada dama fue creada por la mente del caballero de triste figura ante la excesiva de libros sobre caballería, el Tom de la Pantalla es un producto mediático, creado por sus guionistas como una figura galante y carismática para ocasionar suspiros entre las damas del publico que, como Cecilia, buscan algo les ayude a olvidar sus problemas durante la proyección. 

*SPOILERS*

Estando cerca el final, Cecilia deberá elegir entre el hombre idealizado de la pantalla, o el actor de su mundo que le ofrece vivir una experiencia de amor real a su lado.  Ella es, ante todo, una mujer racional, y suplica a su caballero galante que regrese a la pantalla, donde le necesitan los demás personajes de la cinta, puesto que acudir a sus brazos solo sería eludir a su realidad.

El final es uno que solo puede describirse como “amargamente optimista”, pues Bill Sheppard, nombre del actor que dio vida a Tom, solo usó a Cecilia para que su doble regresase a su mundo de ficción y así poder continuar tranquilamente a su vida en Hollywood. 

Es obvio que Bill no acude al punto de encuentro pactado con Cecilia, quien habría tomado el poco valor que aún le quedaba para confrontar a su marido, esperando encontrar una nueva vida en Hollywood tal y como se le prometió. Con sus ilusiones destrozadas y el corazón marchito, Cecilia se refugia en la sala de cine.

The Purple Rose of Cairo” ahora a sido reemplazada por “Top Hat”, en la que vemos a Fred Astaire en su icónico numero de baile en el que canta cariñosamente al oído “Cheek to cheek” a Ginger Rogers. 

Su rostro comienza iluminarse nuevamente al ritmo de la melodía. Quizá el mundo siga desmoronándose, quizá ella continúa envejeciendo y se encuentra más sola que nunca, pero mientras el proyector esté encendido, existirá un engaño que le reconforte, para sentir, por un solo momento, que esta broma eterna que llamamos “realidad”, tiene algo de sentido.

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