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“The Rocky Horror Picture Show”: Una oda a la diversidad, el cine de serie B y al rock and roll

La cinta musical cumple 45 años de sacudir a las audiencias con su música e iconos subversivos

Por: Ramon Flores

Una de las películas más subversivas y sugerentes del siglo XX cumple 45 años de su estreno. Foto: 20th Century Fox(20th Century Fox)

Una de las películas más subversivas y sugerentes del siglo XX cumple 45 años de su estreno. Foto: 20th Century Fox | 20th Century Fox

El debut cinematográfico de Jim Sharman en la pantalla grande solo puede ser definido como “la madre de todas las películas de culto”. Aquella que por 45 años ha logrado sobrevivir pasando del boca a boca y las proyecciones de media noche en cines de mala muerte a uno de los musicales más celebrados de nuestros días.

Lejos de parecer anticuada, “The Rocky Horror Picture Show” permanece más relevante que nunca. Estrenada el 15 de agosto de 1975, la película basada en el musical de Richard O’Brien es uno cargado de transgresión en la identidad sexual, rock and roll y como ambos se encuentran fuertemente relacionados. 

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La historia de su creación es una que se extiende a 1973, cuando O’Brien comenzó un proyecto para un taller dramático en el que pretendía realizar un homenaje al cine de horror y ciencia ficción en un pequeño teatro de Londres con tan solo 60 butacas.             La voz se esparciría tan rápidamente que la presentación tuvo que ser trasladada a una vieja sala de cine convertida en teatro en el barrio de Chelsea.

Tras la demolición del lugar, el espectáculo logró encontrar una estadía permanente en King’s Road Theatre, un teatro con una capacidad de 500 personas, cuyas funciones diarias alcanzaban la venta total de las butacas en taquilla, posicionándose como una de las mejores obras musicales de ese año y gozaría una corrida en cartelera de seis años consecutivos. 

Luego de que la obra probara tener éxito en Estados Unidos, Sharman y O’Brien, cuya sociedad comercial se remonta desde los origines teatrales de la historia, tomaron la decisión se llevar su visión a la pantalla grande, encaminados por el productor musical y cinematográfico Lou Adler, famoso por sus contribuciones en las carreras de “The Mamas & the Papas” y Carole King.

Sharman y O’Brien habrían decidido que la película sería estelarizada por actores británicos, los cuales habían actuado ya en la obra, entre ellos incluido Tim Curry. Serían los productores de la película quienes insistieran que los protagónicos fuesen estadounidenses, contratando así a Susan Sarandon y Barry Bostwick. 

De los actores del musical volverían a ser contratados el propio O’Brien como Riff Raff, Patricia Quinn como Magenta, Little Nell como Columbia y Jonathan Addams, personaje narrador de la puesta en escena que fue rebautizado como el “Doctor Scott”.

Janet Weiss (Sarandon) y Brad Majors (Bostwick) deciden comprometerse tras asistir a una boda y encantados por su decisión, deciden hacer un viaje para visitar a su viejo mentor, el Dr. Scott, pero un problema con los neumáticos y una fuerte lluvia en medio del bosque los obligan a buscar refugio en el castillo del extraño Doctor Frank-n-Furter (Curry)  

La pareja descubre que Frank no es un científico cualquiera, se trata de un “dulce trasvesti de la transexual Transilvania”, quién ha organizado una gran convención para que científicos locos de todo el mundo vean su más reciente creación: Un gran hombre rubio y musculoso al que ha decidido llamar Rocky (Peter Hinwood).

Es aquí cuando la película, a través de sus números musicales y estética kitsch, realiza diversas referencias a las cintas de ciencia ficción y horror que marcaron la infancia de O’Brien. Desde las películas mencionadas en su numero de apertura, hasta la propia presentación de Rocky, la cual de acuerdo en su creador estaría inspirada en King Kong. 

Sin embargo, la trasgresión de la película no se encuentra solo en su apartado visual. Existe en sus personajes un sentido de ironía y mofa hacia la sexualidad y los roles tradicionales que la sociedad impone sobre ella (basta con ver al mismo Frank-n-Furter para notarlo). Al inicio de la película, Janet y Brad son el estereotipo perfecto de lo que se esperaría de una pareja recién comprometida: Rectos, puros, y dubitativos ante cualquier signo de libertinaje.

Sería a través de las experiencias adquiridas a través de la película que se convertirían en estos dos seres completamente liberados y con una floreciente simpatía hacia Frank, pese a que en un principio este se presentara como una figura de amenaza y quién sería eliminado por sus compañeros alienígenas por simplemente querer ser él mismo. 

La película no contaría con buena recepción en su lanzamiento comercial. Unos meses después llegaría a las funciones de media noche y proyecciones de permanencia voluntaria, ganando un nuevo grupo de adeptos del mismo modo en que la obra teatral lo haría en sus orígenes.

45 años han pasado desde que esos inmensos labios rojos del numero inicial llenaran la pantalla con su andrógina voz, cantando sobre Flash Gordon y Claude Rains siendo el “Hombre Invisible”. Y puedo apostar que volverían a pasar 45 años más y aún existirán seres nocturnos que acudan a las proyecciones especiales disfrazados como sus personajes favoritos.  

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The Rocky Horror Picture Show” va más allá de la estética punk y la liberación sexual. Es una cinta cuya identidad honesta y desenfrenada empuja las barreras del cine de genero y nos muestra en pantalla un mensaje claro y directo sobre la identidad personal. Un mensaje que parece no perder vigencia.

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